En 2001, después de la publicación de Ángeles y Demonios y antes de que El Código Da Vinci le diera fama mundial, Dan Brown publicaba su nueva novela: La Conspiración.
En torno a las elecciones presidenciales de Estados Unidos se desarrolla una conspiración para salvar el destino la NASA. La agencia espacial era una esponja financiera de fondos públicos y el Senador Sexton estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para llegar al Despacho Oval. Sólo un gran éxito científico podría cambiar el destino de esta institución.
El descubrimiento del siglo llegó justo a tiempo, un enorme meteorito fue hallado en medio de la plataforma Milne, en el Ártico. Lo más sorprendente es que contenía fósiles, ¿una prueba de vida extraterrestre?
El presidente contrató científicos civiles para corroborar el descubrimiento de la NASA y, aunque en un principio todo apuntaba a la autenticidad de la roca surgieron algunos indicios que poco a poco fueron desmontando la conspiración.
El fósil hallado era una especie de piojo gigante. El gran tamaño se justificaba si el bicho hubiera venido de un planeta con una fuerza gravitatoria menor a la de la Tierra. Aquí el tamaño del exoesqueleto de los insectos se mantenía a raya gracias a la gravedad, si no fuera así los insectos podrían evolucionar hasta alcanzar tamaño mucho mayores. Un fósil así sólo podría tener en la Tierra origen marino, donde la fuerza de gravedad se veía contrarrestada con el empuje del agua. Sin embargo se había hallado en una plataforma totalmente sólida por lo tanto aquella roca nunca podría haber estado en contacto con el mar.
Sorprendentemente el fósil entraba dentro de la clasificación darwiniana, podría parecer extraño pero había una explicación, la teoría de la panspermia. Según esta teoría la vida en la Tierra habría sido plantada desde otro planeta y después habría seguido la evolución que todo el mundo conocía.
Las expectativas alrededor del meteorito eran alentadoras. La vida extraterreste sería de nuevo el tema de moda algo que no había ocurrido desde el llamado Incidente Roswell en 1947. Aunque en aquella ocasión la respuesta más acertada es que se había tratado de un accidente durante una operación secreta llamada Proyecto Mogul.
Dejando atrás el desarrollo de la acción puesto que no quiero estropearos más el libro si os animáis a leerlo os hablaré de un fenómeno, que aparece en las últimas páginas, para mí desconocido y sin duda muy interesante. Las plumas hidrotermales llamadas también megaplumas.
El autor describe el fenómeno a través de un famoso oceanógrafo y cito textualmente:
“A veces se producen bolsas de magma un poco traviesas que se inflaman bajo el suelo marino y provocan puntos de calor, que a su vez producen un gradiente de temperatura inverso, es decir, agua caliente en el fondo y agua fría encima. El resultado son estas gigantescas corrientes en espiral. Se las conoce como megaplumas. Giran durante un par de semanas y luego se disuelven.”


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